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FIBA

“Fue un milagro”.

Así describió Harry Sosa su participación en el Campeonato Mundial Sub-17 donde la selección de Puerto Rico hizo historia al colgarse la medalla de bronce.

Y es que Sosa recibió cinco días antes del certamen mundial la mala noticia de que no podía jugar por una lesión delicada de tobillo.

Sin embargo, el delantero boricua se negó a ese diagnóstico y aún con “intenso dolor” se lanzó al tabloncillo para ayudar a Puerto Rico a conquistar su segunda medalla en la historia en un mundial.

“Realmente yo no podía jugar para el mundial. Mi tobillo estaba maltratado. Pero fue Dios el que me posicionó realmente. Fue un milagro. Y la confianza de los coaches fue inmensa”, expresó Sosa.

Y aún con la lesión el aguadeño tuvo una sólida actuación en el certamen mundial al promediar 6.6 puntos con 6.9 rebotes en su posición de delantero titular.

“Nadie pensaba que yo iba a estar ready y menos jugar en la manera en que jugué. Yo tenía un u15 y el doctor me dijo que no podía jugar porque el tobillo estaba muy maltratado”, destacó.

“Siempre tuve dolor, pero nunca me quejé. Solo hice lo que podía y hasta más. Me desviví por Puerto Rico”, agregó.

Sosa aseguró que no se arrepiente de haber puesto en riesgo su carrera.

“Este era mi sueño. No me arrepiento de nada de lo que hice. Es un orgullo y una satisfacción saber lo que hiciste y la manera en lo hiciste que hasta difícil de creer es”, sostuvo.

Sosa, de 6’5” de estatura, se dedicará lo que resta de verano a descansar y fortalecer su tobillo para estar listo para jugar con su escuela Central Pointe en Florida.

“Voy a descansar y pasar tiempo con la familia. Y a entrenar todo el tiempo y fortalecer el tobillo”, sentenció.

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