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Ausente el respeto en nuestro deporte

Cada vez son más las imágenes de nuestro entorno deportivo siendo afectado por los tumultos, motines y/o discusiones en cada terreno de juego

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Por: Raúl Sosa/Especial para Buzzer Beater

Sin duda alguna, Puerto Rico es una patria donde el deporte es rey. La actividad deportiva es una actividad la cual levanta pasiones y sentimientos que arraigan al individuo. Nos brinda alegrías, une familias, nos regala amigos para toda la vida y en ocasiones saca lo mejor de cada uno de nosotros como individuos; desafortunadamente, lo peor también…

En los pasados años, cada vez son más las imágenes de nuestro entorno deportivo siendo afectado por los tumultos, motines y/o discusiones en cada terreno de juego.  Analicemos posibles razones para esto detenidamente…

  1. Vivimos en una sociedad en donde se han perdido los valores; dentro de las prioridades de muchos padres no está enseñar modales, respeto y amor por el prójimo.
  2. Nuestro sistema público, el cual abarca un 80% de nuestros niños y jóvenes, en su matrícula, está en decadencia por diversos factores.
  3. Cada vez los niños están menos tiempo con sus padres; la falta de supervisión de calidad es rampante.
  4. La delincuencia está siendo aceptada en nuestra sociedad como algo con lo que “tenemos que bregar”.
  5. Entre otros males sociales…

¿Cuál es el resultado de esto?

Una sociedad que no reflexiona, que es poco capaz de analizar y canalizar sus emociones. Si a esta ecuación le añadimos las frustraciones y situaciones del día a día de las personas que van a ver los partidos (porque la vida no es perfecta), el resultado no es muy prometedor.

Ahora analicemos la situación dentro del deporte.

El deporte se ha convertido en un negocio muy lucrativo, por lo que hay que complacer la demanda de la manera más eficiente posible. Esto trae como consecuencia, el reclutamiento desmedido, y muchas veces sin preparación, de personas para ejercer el trabajo de oficiado, entiéndase: entrenador, árbitro, oficial de mesa. Sin embargo, siendo honestos, muchas veces ocurren situaciones con el personal más preparado y poseedor de vasta experiencia.

¿Pero, y por qué sucede esto?

Porque todo el mundo está buscando que el juego vaya de la manera exacta que cada individuo entienda que debe pasar. ¡Todo el mundo quiere ganar a nivel colectivo e individual! Queremos que nuestro niño sea el mejor anotador, que sea el que más participación tenga en el partido, que el juego gire alrededor de él.

¡Es imposible complacernos a todos!

Hemos visto videos de peleas, discusiones y/o motines en partidos de baloncesto, béisbol, voleibol, de balompié, en fin, en cada deporte que haya competitividad…  Más preocupante aún, las razones que mencioné para esta situación no son las únicas, hay muchas más…

¿Qué hacemos?

Nuestro problema como sociedad es que convertimos el problema en el problema (valga la redundancia). Discutimos mucho el problema en los foros disponibles; peleas, tumultos, discusiones aquí y allá… Somos expertos discutiendo el problema y me incluyo.  Ahora, entiendo que el problema debe dejar de ser el problema. Debe ser la solución del mismo.

¿Cómo manejamos las situaciones que pasan? ¿Cómo educamos mejor al pueblo, al espectador y al oficiado?

Tal vez son utópicos los planteamientos que se hacen, pero ¿cómo manejamos esta crisis?

¡Cada persona que propone una idea radical para lidiar con el problema lo hemos ridiculizado!

Hace un tiempo, alguien propuso que les quitaran el puntaje o competencia a los partidos hasta cierta edad. ¡Le dijeron que no!

Cuando una liga suspende por dos años a un padre o jugador que lanzo un golpe, “el castigo es desmedido…” Y así sucesivamente, nos encargamos de brincar los procesos, y consciente o inconscientemente, perdemos el respeto por las autoridades y el deporte en sí.

Seguramente este tema es de años de discusión y esto es solo un lado de la moneda…

La pregunta que nos debemos hacer como pueblo es: ¿Hasta cuándo? ¿Qué más tiene que pasar? ¿Cómo solucionaremos esto?

Reflexionemos, analicemos… Cómo hacemos que el deporte rinda el propósito con el que fue establecido; un vehículo de sana competencia, donde divirtiéndonos aprendemos lecciones de vida.

Cambiemos cultura y trabajemos, para que el respeto, no sea el mayor ausente en nuestro deporte.

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