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¿Cuando el juego dejó de ser divertido?

Escrito dirigido a los padres que quieren ser dirigentes desde las gradas

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Raúl Sosa/Especial para Buzzer Beater 

Durante el tiempo que he tenido la dicha de trabajar con categorías menores del baloncesto de nuestro país he tenido la oportunidad de ver a jóvenes crecer, madurar, aprender y vencer barreras físicas y mentales gracias al baloncesto.

Por estas razones y muchas otras, siento un profundo amor por el deporte patrio.

Sin embargo, mi hijo está en proceso de formación deportiva y eso me ha llevado a ver el juego desde otro punto de vista: el de las gradas.

Recientemente, estoy en una de las clínicas de mi hijo y observo a este padre dando mandatos a su hijo a que estire y se prepare (ya que luego tenían su práctica) y creí que era fantástico. El ensenar a los niños a que preparen su cuerpo pre-actividad es ideal. Minimiza el riesgo de lesiones, además del componente de respeto y responsabilidad hacia el juego que estamos enseñando, me parece muy bien…

Para hacer nuestra historia corta, el niño siendo niño al fin, se aburrió del proceso tedioso que conlleva porque no tiene la madurez para comprender el proceso. Él comienza a jugar con sus amiguitos que están a su alrededor, acto seguido, el papá explota furioso y empieza a gritarle al niño que estire, caliente y se prepare.

Ese episodio trajo por primera vez esta pregunta a mi cabeza: ¿Cuando el juego dejo de ser divertido?

En esta travesía como papá deportivo y “personal de gradas” he visto otras situaciones y me han despertado otras interrogantes…

¿Cuál es el propósito principal por el que nuestros niños y jóvenes comenzaron a jugar?

¿Cuándo las instrucciones de un coach pasaron a un segundo plano porque su hijo no estaba luciendo como usted esperaba?

En otra anécdota, un día estoy en una de nuestras canchas del país y veo a un niño empleándose en pleno juego. El niño era evidentemente más desarrollado que sus pares. El pasa el balón al frente y el compañero falla la güira. Ataca al canasto y su amiguito no pudo recibir su pase…

Mientras el otro equipo se prepara para sacar, el papa baja rampante por las gradas y le indica a su hijo: ¡Sigue tú no se la pases a nadie!

El joven disciplinado sigue las instrucciones de su coach y eventualmente los nenes comienzan a recibir el pase y a convertir. El papá evidentemente está molesto en las gradas.

Al terminar el juego va y toma a su hijo por el brazo y lo lleva a fuera y le dice: ¡Yo no se para que te pago clínicas si tú lo que haces es pasar. Hoy pudiste meter sobre 20 puntos y lo que hiciste fue pasárselas a los muertos esos!

El niño le responde: Papá estaba haciendo lo que mi coach me dijo que hiciera.

La respuesta del padre fue un simple: ¡Ese dirigente tuyo es un loco! ¡Tu trabajo es meter la bola!

Nuevamente la pregunta viene, ¿cuándo el juego dejo de ser divertido?

El baloncesto es un deporte hermoso que abre puertas, despierta pasiones y une culturas, pero también se presta para otras situaciones cuando las emociones no son manejadas apropiadamente.

La pregunta de oro en estos últimos años es de quien es la culpa que nuestros baloncelistas de alto nivel no se desarrollan, o no rinden a las expectativas del pueblo. No estoy diciendo que esta sea la respuesta, pero tal vez con un amor más profundo al juego las cosas pueden darse de maneras diferentes.

Tal vez…

El propósito de este escrito no es levantar controversias, sino dar una observación de un punto de vista externo de parte de nuestra cultura deportiva.

Usted, ¿Se puede identificar? ¿El juego dejo de ser divertido para usted?

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