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Cuando la competencia nos destruye

El deporte se vio empeñado ayer por una lamentable situación propiciada por un padre

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Por Raúl Sosa 

El ser humano ha sido inspirado y empujado por la competencia toda su vida.

La competencia por sobrevivencia en tiempos difíciles, el mundo corporativo en su misión de ser los #1 en su producto, los equipos y personalidades deportivas en su ímpetu de ganar y obtener galardones…

Sin embargo, debemos sentarnos a pensar: Hasta donde nos lleva el “espíritu competitivo” en nuestra sociedad actual?

Social y psicológicamente, ¿estamos preparados para enfrentar nuestros demonios interiores que la competitividad exterioriza?

El fenómeno mundial de la violencia deportiva, cobra otra víctima. De seguro al momento de leer este escrito, ya todos o la mayoría conoce el lamentable incidente de Jose “Joaco” Rodríguez en el carnaval de fogueos en CIAPR.

Todos aquellos que conocemos o hemos visto la trayectoria de Joaco sabemos que él es un caballero en la línea, ejemplifica lo que predica y no tiene necesidad de “coachear” baloncesto, mas allá de su propio amor al deporte.

Joaco recibió ayer un golpe en el rostro por un padre que perdió el control porque bajo su entendimiento su hijo estaba siendo golpeado.

Según trasciende la información, el asunto venía caliente desde un torneo en el Centro de Convenciones en diciembre, donde aparentemente ambos equipos tuvieron juegos físicos y reñidos.

En su naturaleza, el baloncesto es un deporte de contacto, en muchas ocasiones ocurrirán accidentes sin intención, sin embargo también hay que establecer que en ocasiones los padres y entrenadores en su afán de ganar, llevan el mensaje incorrecto a nuestros niños y/o jóvenes.

Lo que lleva a nuestra próxima pregunta: ¿Hasta donde nos llevará la competencia o el deseo de ganar en nuestro comportamiento?

En una sociedad donde se han perdido los valores, donde niños crían niños (sin juzgar a nadie por supuesto) el espíritu de sana competencia muchas veces no nos lleva en la dirección correcta.

En este caso, el padre entendía que estaba defendiendo a su hijo y cometió un error, perdió el control y no pudo pensar en sus acciones, el ejemplo y las consecuencias que podría traerle.

Nada justifica la violencia, pero tal vez tuvo un mal día, quizá llevaba tiempo pensándolo, tal vez los otros padres en los comentarios que típicamente se dan en las gradas del país, lo llevaron a ponerse de esa manera…

Quién sabe lo que estaba pasando por ese momento… Pero como digo una cosa, debo decir la otra…

¿Qué mecanismos de control y protección tenemos los entrenadores para esta eventualidad? ¿Los árbitros? ¿El papá que va a la cancha simplemente a ver su hijo jugar?

¿Qué garantía tenemos de que nuestro viaje a las canchas del país no terminará en una desgracia?

Tengo un nene de 5 años que participará en su primera experiencia deportiva.

¿Qué garantizará que esa experiencia será positiva y no tendrá ningún trauma por acción de una persona que perdió el control?

Hay un movimiento bien grande de entidades que están trabajando en pro de esto y hay muchas herramientas “en línea” para los padres y fanáticos, pero el entrenador es el que debe manejar el asunto.

Hay contratos con posibles penalidades que enfrentarían sus niños del padre incurrir en este tipo de acción. Ya que al pasar estos incidentes los padres alegan que estaban defendiendo a su hijo, tal vez la penalidad para él los haga recapacitar…

Otra opción que si no me equivoco están proponiendo es eliminar el puntaje en los juegos hasta cierta edad… Canada tiene ese sistema y le ha funcionado de maravilla. Los niños aprenden el juego, se divierten y al final todos son ganadores.

Esa puede ser otra posible opción…

El tema entre los entrenadores es como podemos echar nuestro baloncesto para adelante, pero en mi opinión, hasta que no hagamos algo referente a nuestra cultura deportiva que devuelva el honor al juego, seguiremos arrastrando nuestro deporte nacional.

Esto no pasa solo en Puerto Rico, es un problema mundial, sin embargo nosotros como puertorriqueños tenemos la mano de solucionar este problema en nuestra patria y tal vez servir como modelo a otros lugares del mundo a emular si el sistema da resultado.

La intención del escrito no es juzgar a nadie, sino llevar un mensaje de recapacitaron y modelaje a nuestros niños. Porque al fin y al cabo quien solo hay dos grandes perjudicados en esta ecuación: El deporte y su hijo a quien ama.

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